Cómo calcular la fuerza de un actuador eléctrico

Cuando se plantea la integración de un actuador eléctrico en un sistema, una de las primeras preguntas que surgen es ¿Qué fuerza necesito? Si bien ya publicamos una guía para poder calcular la fuerza de un resorte de gas, al integrar un actuador eléctrico el cálculo es algo distinto. Es por ello que hemos decidido complementar esta información con esta guía completa para calcular la fuerza de un actuador eléctrico. 

Si estás familiarizado con el sector, sabrás que es una de las decisiones más críticas de un proyecto. Un actuador mal dimensionado supone un sinfín de dolores de cabeza, como por ejemplo no mover de forma eficiente la carga, trabajar forzado, reducir drásticamente su vida útil, incrementar costes sin aportar valor real, entre otros problemas. La clave está en identificar los factores que influyen en el cálculo y saber cómo convertirlos en una  fuerza expresada en Newtons (N). 

Ya sea que estés o no familiarizado con los actuadores eléctricos, en Suspain Técnica queremos compartir esta Guía Completa para calcular la fuerza de un actuador eléctrico de forma eficaz y óptima. ¡Allá vamos!

¿Qué es la fuerza de un actuador eléctrico?

La fuerza de un actuador es la capacidad que tiene para empujar o tirar de una carga. Este valor se mide en Newtons (N), aunque en muchos contextos también se convierte a kilogramos para facilitar su interpretación. 

Antes de calcularla, conviene responder algunas preguntas clave:

  • ¿La carga se levanta directamente?
  • ¿Hay rozamiento o inclinación?
  • ¿Se desplaza sobre una superficie?
  • ¿Existe una bisagra o punto de giro?

Es importante saber que la fuerza necesaria no depende únicamente del peso, sino de cómo ese peso interactúa con el sistema.

Caso más sencillo: movimiento vertical directo

Cuando el actuador levanta una carga vertical sin mecanismos intermedios, el cálculo es directo:

F = m × g

F = fuerza (N)          m = masa (kg)        g = gravedad (9,81 m/s²)

Veámoslo con un ejemplo. Pongámonos en el caso de que necesitamos levantar 100 kg.

F = 100 × 9,81 = 981 N

¡Pero ojo! Esta cifra no es la fuerza real necesaria, es solo el punto de partida para poder calcularla. 

¿Por qué este cálculo no suele ser suficiente? Simple:  Porque en  aplicaciones reales intervienen factores adicionales que incrementan la fuerza necesaria como rozamientos internos o externos, desalineaciones, ángulos de trabajo, sistemas de transmisión (palancas, bisagras) o inercia en arranque (cargas dinámicas). Es aquí donde muchos cometen el error de cálculo. 

Por eso, el cálculo debe evolucionar desde una fórmula básica hacia un modelo más representativo del comportamiento real. Y aquí es donde el cálculo se vuelve realmente interesante. 

Pero antes de complicar el modelo, hay una regla fundamental que nunca debería ignorarse. No dimensionar el actuador al límite. Es recomendable aplicar un factor de seguridad entre 1,2 y 1,5 como mínimo. Aplicar un factor de seguridad entre 1,2 y 1,5 permite absorber desviaciones y garantizar fiabilidad.

Siguiendo el ejemplo anterior en el que hemos obtenido una fuerza de 981 N a partir del cálculo más básico y sencillo, vamos a volver a calcularla con un factor de seguridad del 1,3.

981 N × 1,3 ≈ 1.275 N

Ahora ya tenemos calculada la fuerza con un factor de seguridad. Esto permite absorber pérdidas por rozamiento, pequeñas desviaciones o condiciones no ideales. Sin embargo, hay más factores a tener en cuenta, y es que no siempre nos encontramos con el mismo tipo de movimiento, y también entran en juego la geometría del sistema, los puntos de anclaje o la presencia de rozamientos. ¡Sigamos incluyendo datos para obtener un resultado más preciso y real!

Cargas con rozamiento

¿Qué ocurre si la carga no se levanta, sino que se desplaza horizontalmente?

En ese caso, el actuador no tiene que vencer el peso directamente, sino la resistencia al movimiento. Veamos la fórmula que debemos aplicar en este caso para calcular la fuerza de rozamiento o fricción.

F = μ × m × g

μ = coeficiente de rozamiento.

Para entender mejor la fórmula, veámosla aplicada con el ejemplo de una carga de 100 kg sobre una superficie con coeficiente de rozamiento 0,2.

F = 0,2 × 100 × 9,81 = 196,2 N

Como puede observarse, la fuerza necesaria es mucho menor que en un levantamiento vertical. Este tipo de cálculo es habitual en sistemas con guías telescópicas o deslizamientos lineales.

Ahora bien, esta cifra puede variar mucho según el tipo de superficie, guías o sistema de deslizamiento.

Sistemas con ángulo o inclinación

En aplicaciones donde el actuador trabaja en un plano inclinado, la fuerza depende del ángulo. Solo una parte del peso actúa en la dirección del movimiento.

F = m × g × sin(θ)

θ = ángulo de inclinación.

Cuanto mayor es el ángulo, mayor es la fuerza necesaria. En ángulos pequeños, la fuerza necesaria puede ser sorprendentemente baja, lo que abre oportunidades de optimización.

Sistemas con palanca: el caso más crítico

Aquí es donde surgen la mayoría de errores de cálculo. Pensemos en una tapa abatible, una compuerta o un sistema articulado. El actuador no está aplicando la fuerza directamente sobre la carga, sino a través de un brazo de palanca.

En este caso, el cálculo se basa en momentos:

F × d₁ = W × d₂

W = peso de la carga        d₁ = distancia del actuador al punto de giro       d₂ = distancia del centro de gravedad al punto de giro

Esto implica que la fuerza necesaria depende más de la geometría que del peso. Cuanto más cerca esté el actuador del eje de giro, mayor fuerza necesitará.

Si el actuador está muy cerca del eje de giro, necesitará mucha más fuerza.

Si se aleja, la fuerza requerida disminuye significativamente.

Y aquí es donde muchos proyectos fallan. No es raro ver actuadores aparentemente sobredimensionados que aun así no consiguen mover el sistema, simplemente porque la geometría no es correcta. 

Para visualizarlo de forma sencilla, imaginemos una tapa con bisagra. 

  • El eje de giro es el punto de referencia
  • El peso actúa en el centro de gravedad (normalmente a mitad de la tapa)
  • El actuador empuja en un punto concreto

Cuanto mayor sea la distancia entre el actuador y el eje (d₁), menor será la fuerza necesaria. Pequeños cambios en la posición del actuador pueden reducir drásticamente la fuerza requerida sin cambiar el peso. Este es uno de los puntos con mayor impacto en optimización de diseño.

Empuje vs tracción: ¿es el mismo valor?

No todos los actuadores ofrecen la misma fuerza en ambas direcciones. Es habitual encontrar diferencias entre la fuerza de empuje (extensión) y la fuerza de tracción (retracción). 

Esto depende del diseño interno del actuador y del husillo. En aplicaciones críticas conviene verificar ambos valores en la ficha técnica.

Velocidad vs fuerza

Aquí aparece otro punto clave: A mayor fuerza, normalmente menor velocidad.

Esto no es casualidad. Es una limitación inherente al diseño del actuador. Por eso, el cálculo de fuerza no debe hacerse de forma aislada, sino en conjunto con la velocidad requerida, el ciclo de trabajo o frecuencia de uso y el tipo de aplicación.

Entonces, ¿cómo elegir correctamente un actuador?

Después de todo esto, la pregunta inicial cobra más sentido. No se trata solo de saber cuánto pesa la carga, sino de entender cómo se mueve. Antes de seleccionar un actuador eléctrico, conviene tener claros:

  • Tipo de movimiento (vertical, horizontal, articulado)
  • Geometría del sistema
  • Puntos de anclaje
  • Presencia de rozamientos
  • Uso previsto (intensidad, ciclos)

Si alguno de estos factores no está bien definido, el cálculo puede desviarse significativamente.

 Ejemplo práctico completo

Imaginemos una tapa de 50 kg con bisagra, donde:

  • Centro de gravedad a 500 mm del eje
  • Actuador instalado a 200 mm del eje

Aplicamos la fórmula de momentos:

F × 0,2 = (50 × 9,81) × 0,5

F × 0,2 = 490,5 × 0,5

F × 0,2 = 245,25

F = 1.226 N

Aplicando factor de seguridad: ≈ 1.500 N

Este sería un valor razonable de selección.

La clave para calcular la fuerza de un actuador eléctrico

En síntesis, elegir un actuador no es cuestión de “más fuerza = mejor solución”, sino de equilibrio.

Un error de cálculo puede llevar tanto a infradimensionar la fuerza como a sobredimensionar en exceso, y ninguna de las dos opciones es recomendable. Un sobredimensionamiento innecesario incrementa los costes, reduce la eficiencia e incluso puede afectar negativamente a la velocidad del sistema. Por ello, lo más adecuado es dimensionar con criterio técnico, aplicando un margen de seguridad razonable, sin excederse.

Por otro lado, quedarse corto en fuerza tiene consecuencias directas: el sistema puede no moverse, operar en condiciones forzadas o provocar fallos prematuros. Además, es importante tener en cuenta que no siempre el problema está en el actuador; en muchos casos, el origen se encuentra en una geometría mal diseñada o una configuración poco optimizada.

La clave está en comprender el comportamiento del sistema en su conjunto, y es por ello que hemos creado esta guía. Un cálculo correcto, acompañado de un diseño bien planteado, no solo asegura el funcionamiento, sino que garantiza una solución eficiente, fiable y duradera.

Si tienes dudas, contacta con nuestro equipo para recibir asesoramiento personalizado. 

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